miércoles, 28 de marzo de 2018

Vivamos para la gloria de Dios

Vivamos para la gloria de Dios.
Vivamos para la gloria de Dios. El amor fraternal y el buen testimonio son fundamentales en el cristiano y en la iglesia. 1 Tesalonicenses 4:9-12

“Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros… y os rogamos que abundéis en esto más y más… y ocuparos en vuestros negocios y trabajar con vuestras manos a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada”.

Un problema que se veía venir sobre la iglesia de Tesalónica era precisamente el espíritu de división y conformación de grupos. Situación que vemos que se presentó en la iglesia de Corinto... 

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Debemos tener en cuenta que la iglesia de aquel tiempo estaba en medio de una sociedad partidista. Por eso el apóstol una y otra vez los exhorta a llenarse del amor de Dios.

En aquellos primeros siglos la persecución contra la iglesia fue muy fuerte e intensa, y por tanto el aceptar a Cristo significó para muchos el rompimiento de sus vínculos familiares; pero el nuevo cristiano llegaba a una nueva familia, pues ahora era hijo de Dios y hermano de todos los demás cristianos.

Los hermanos de Tesalónica habían aprendido muy bien la lección del amor, pues toda Macedonia (región de la cual Tesalónica era la capital) daba testimonio de ellos. Aun así el apóstol los apremia para que abunden en ellos más y más, pues no debía dársele lugar al egoísmo y al orgullo.      
    
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Los versículos once y doce nos dejan ver que algunos hermanos exageraban con la enseñanza sobre la segunda venida de Cristo, de manera que tomaron esto como excusa para no trabajar (algunos eran perezosos y entrometidos). Debemos tener en cuenta que los griegos procuraban evitar todo trabajo manual.

En contraste el apóstol Pablo les había dado ejemplo trabajando con diligencia y esfuerzo, y enseñándoles que el trabajo era una bendición y diseño de Dios mismo. 

Por eso Pablo los anima a ocuparse en sus negocios, y trabajar con sus manos, pues esto era un testimonio correcto y sano ante los no cristianos, y de esa manera tendrían también para cubrir todas sus necesidades. 


Escrito por Gonzalo Sanabria.  







 

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