Actitudes correctas en la guerra espiritual
a) Armas espirituales (2 Corintios 10:1-6).
“Y yo, Pablo mismo, os ruego
por la mansedumbre y bondad de Cristo; yo que estando presente soy humilde
entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros; ruego, pues, que
cuando estuviere presente, no tenga que ser atrevido con la confianza con que
pienso ser osado contra algunos… Pues aunque andamos en la carne, no militamos
según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas
en Dios para la destrucción de fortalezas…”. Veamos:
1) El apóstol
comienza hablando en primera persona asumiendo la defensa contra aquellos que
socavan o menosprecian su autoridad apostólica. Su actitud y términos usados
nos recuerdan la batalla espiritual que vivimos como creyentes en diferentes
frentes.
2) Las armas
espirituales que Pablo menciona están encabezadas por la autoridad, que por
supuesto hemos recibido de Cristo. Con éste poder de Dios debemos derribar
aquellas razones y argumentos que se levantan en la mente contra el diseño
divino. Todos los pensamientos y teorías contrarios a la palabra de Dios deben
ser reducidos a la nada.
b) La autoridad es para edificación (2 Corintios 10:7-11).
1) La frase
“Miráis las cosas según la apariencia” nos permite concluir que los hermanos de
Corinto no estaban usando el discernimiento espiritual para juzgar las cosas,
se dejan llevar por lo que sus ojos veían. Asunto que sigue repitiéndose se hoy
día, por eso precisamente el enemigo toma ventaja creando calumnias y
contención entre los hermanos.
2) El apóstol
administra correctamente la autoridad que el Señor le ha dado, pues no quiere
amedrentar (término que desde el griego bíblico traduce: aterrar, espantar,
asustar) por carta, nos recuerda más bien que la autoridad no es para
destrucción sino para edificación. Al parecer las murmuraciones contra Pablo
menospreciaban su estatura y su manera de transmitir el mensaje. También les
recuerda que ausente o presente es el mismo.
c) Pablo nunca se alabó a sí mismo (2 Corintios 10:12).
En la iglesia de Corinto se estaba levantando
un grupo de “maestros y ministros” sin el debido proceso ni una apropiada
formación, entre ellos mismos se aprobaban y tal vez se alababan unos a otros.
Precisamente por eso no eran juiciosos ni imparciales, pues su espíritu no era
el correcto, sólo buscaban los primeros lugares, reconocimiento humano y
cosechar lo que nunca habían sembrado, es decir un ministerio aprobado por
Dios.
d) La gloria es de Dios (2 Corintios 10:13-16).
Pablo no iba a gloriarse como sí lo hacían sus
opositores en Corinto. El apóstol tuvo el privilegio de ser el primero en
llevar el evangelio a aquella ciudad, por tanto con su equipo hicieron el
trabajo desde el principio (es decir no se apoyaron en trabajos ajenos o
anteriores). El apóstol era engrandecido en la medida en que crecía la fe de
los creyentes corintios.
e) No es aprobado el que se alaba a sí mismo ( 2 Corintios 10:17-18).
Para el apóstol Pablo su base de gloria y gozo
es Cristo mismo, y si en algo ha de gloriarse es de permanecer en él. Prefería
muchísimo más la aprobación del Señor que las alabanzas de aquellos que se
consideraban a sí mismos como maestros.
Escrito por Gonzalo Sanabria. (Actitudes correctas en la
batalla espiritual).
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